Fabrice Hadjadj es un nombre que últimamente ha estado muy presente en mi vida. Le empecé a seguir un poco la pista desde que lo invitaron en abril de este año a exponer en una edición de Ágora de Hakuna, el movimiento católico en el que participo, invitación que me llevó también a conocer su proyecto Incarnatus Est, que obviamente recomiendo también revisar. De igual forma, debo admitir que de pronto le perdí de vista, pero que de alguna forma estoy segura que estábamos destinados a encontrarnos, porque sí, la vida me ha llevado a conocerle en persona, aunque eso será motivo para otra conversación.
Su proyecto “Incarnatus Est” me atrae especialmente, y fuera de eso, recién me estoy dando un clavado en su obra, puesto que es reconocido como uno de los filósofos catóicos más relevantes de la actualidad. Por ello es que hoy decidí escuchar un poco de él, de su vida, y de su pensar con la entrevista que le hacen el episodio #25 del Podcast Se Buscan Rebeldes, y aunque hay muchas cosas en las que quisiera ahondar, me llamó profundamente aquello que reflexiona en torno a la belleza.
¿De qué hablamos en verdad, a la hora de [hablar de la] belleza?, porque hay una belleza en el sentido estético de la belleza y creo que el nazismo por Adolf Hitler era una política de la belleza húngara, un esteticismo, porque el modelo del guía, del führer, del deutsche, para Hitler venía de las obras de Wagner. El traje, el uniforme de la Wehrnmacht y de la Waffen-SS dibujado por Hugo Boss debía ser bello y la pintura falsa, errónea del judío, era la pintura de una persona fea, siempre fea.
¿Qué ocurre con la belleza en el misteri cristiano? Tenemos que leer el capítulo 53 de Isaías, que es la Belleza misma, la Belleza sustancial ha querido entrar en nuestro mundo para parecer feo, sin belleza, sin siquiera aspecto humano, provocando el deseo de darle la espalda, es lo repugnante, la basura del mundo, somos la basura del mundo.
Entonces, ¿Cómo entender la belleza en el ámbito cristiano?, porque puede ser la belleza de una persona casi sin cara, de lo horrible, pero que tiene una dignidad oculta y bueno entonces, ese es el problema de la belleza, y bueno eso me remite a lo que decía anteriormente sobre la poesía o la buena pintura y el buen arte, es siempre extender, desplegar la mirada, para ver la belleza donde no se ve habitualmente.
Entonces en el tullido, en el que, cómo se dice, el desfigurado por cicatrices, a través de las heridas, que son heridas de caridad, como las heridas de Cristo. Es un tema espeical en el pensamiento de [San] Agustín, de Santo Tomás. Hay un artículo en la Summa Teológica ¿Por qué Cristo ha resucitado con los estigmas, con heridas, con sus heridas, con las llagas?
No son llagas con la sangre que se derrama, pero las llagas, es una pérdida de integridad. Ahora bien, la integridad, es un elemento de la belleza según Santo Tomás. ¿Cómo esta pérdida de integridad puede ser la Belleza misma?, es como un milagro al revés, porque un milagro es precisamente una curación, la desaparición de las heridas. No, ahí la herida se queda por siempre, por siempre jamás, y ¿Por qué? Porque hay la idea que la máxima belleza es la belleza de la caridad, y que ser herido por haber cruzado el camino de la cruz para llegar a las honduras feas de la humanidad y para llevársela hasta el cielo, es la belleza.
Belleza del amor, porque es el vínculo entre el tiempo y la eternidad, entre Dios comunión y la comunión con los olvidados del mundo.
Y todo esto me lleva a un pensar profundo sobre las heridas y los heridos que ocultan en sí la belleza de este mundo. Y es que en este ejercicio de ampliar, de extender, de desplegar la mirada, parte también de nuestra capacidad humana de contemplar, porque, de nada sirve desplegar la mirada, si no somos capaces de comprender aquello que hay en lo que vemos, y sr capaces de ahondar en esa realidad contemplándola, porque al descubrirla de verdad, esa herida que se nos descubre, será capaz de movernos a profundizar en su belleza a partir de un profundo y auténtico acto de caridad.
Creo que nunca había profundizado de este modo, en cómo este hacer nuevas todas las cosas que Dios inserta en la existencia del hombre, podría partir desde lo feo y la herida, hasta la belleza y la caridad implícitos en ambos, que a nuestros simples y mortales ojos son eso, pero que en realidad nos descubren un portal hacia lo eterno. Así que en esta reflexión no me queda más que pedir la gracia de descubrir la belleza en todo aquello que me rodea y contemplar así la profundidad del abrazo del AMOR que se hizo persona.
Creo que sólamente esto que Fabrice nos comparte sobre la belleza, abre una serie de diversas conversaciones, como por ejemplo sobre la cuestión de la contemplación que podríamos discutir con más detenimiento desde lo que plantean por un lado Byung-Chul Han en su texto “Vida Contemplativa” y Josef Pieper n su libro “El ocio y la vida intelectual” que seguro profundizaré en un futuro escrito. Y en un paréntesis especial de este poner en común mis ideas, a partir de Hadjadj, debo decir que me dio gusto que como uno de los conductores del capítulo del podcast fuera el profesor Pablo Velasco, decado de Humanidades del CEU, que recientemente me dio la clase de “Culto y Cultura” para un programa de “Liderazgo para la Vida Pública” que concluí recientemente en la Universidad CEU San Pablo, de la mano de Fundación Patria Unida, porque justamente añadió a mi pila interminable de lecturas un texto que viene perfectamente a colación en esta discusión sobre la cuestión del ocio y de la contemplación en la vida cotidiana del hombre de hoy y es “Una teoría de la fiesta” del también apreciado por mí Josef Pieper.
Así que próximamente estaré compartiendo por aquí algunas reflexiones que parten de estos tres textos base, que seguro que darán pie a una discusión muy interesante sobre una de las cosas que nos interpelan en el mundo de hoy como personas y como sociedades, y que tiene que ver con la hiperactividad del hombre y la péridad de su capacidad de contemplar y del sentido del ocio como parte esencial y fundamental de la existencia del hombre mismo.
