En mi nueva columna quincenal en disidente.info decidí empezar cuestionándome sobre la enorme brecha entre el discurso del “cuidado” y la realidad del gasto público.
Puesto que por un lado nos enfrentamos a un gobierno que presume las transferencias de dinero como una política de cuidados, como si por sí mismas estas ya resolvieran de fondo el tema de cuidados. Y es que no se trata de que satanicemos las transferencias de dinero, sino que nos cuestionemos si realmente funcionan.
Es desde esta perspectiva, que planteo en mi columna que no es lo mismo transferir recursos que construir un verdadero sistema de cuidados. Porque de nada sirve tener dinero en la bolsa para algo que no necesito, pero que no puedo comprar.
Porque bajo este esquema, cuando los servicios que realmente descargan a las familias, (guarderías, estancias infantiles, infraestructura comunitaria, estancias de día para personas adultas mayores, infraestructura urbana que garantice el uso y tránsito de todas las personas) se han debilitado, desmantelado, o son inexistentes, hay varias preguntas que deberíamos de hacernos:
-
¿Qué se pierde cuando sustituimos servicios por transferencias de dinero?
-
¿Quién asume el trabajo que el Estado deja de hacer?
-
¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando hablamos de “cuidado” sólo en términos de dinero?
-
¿Cómo es que esta lógica termina reforzando los roles de género y recargando el trabajo no remunerado en las mujeres?
-
¿Qué características debería tener una sociedad de cuidados que no se conforme con “transferir” recursos, sino que construya servicios, instituciones y garantice derechos?
Si crees que ya es hora de que discutamos en serio qué significa cuidar, más allá de la propaganda y de los slogans, te invito a leer mi columna completa y a compartir tus ideas. Esta conversación apenas empieza, nos leemos muy pronto.
Lee aquí la columna completa: ¿Sociedad de Cuidados o de Transferencias?
