Hay algo que me parece profundamente incómodo en la manera en la que estamos viviendo este Mundial.
No por el futbol, que me apasiona, sino por todo lo que se intenta ocultar a su alrededor bajo el pretexto de ser anfitriones.
Y en este contexto, nos encontramos con una narrativa “oficial” que no deja de repetirse: orgullo nacional, derrama económica, proyección internacional. Elementos que en los hechos no distan de la realidad. Sin embargo, cuando uno rasca un poco más a fondo, lo que se encuentra no es necesariamente una celebración compartida, sino una fractura evidente. Puesto que estamos hablando de un evento al que, en la práctica, solo accede quien puede pagar cifras que para millones significan meses de trabajo.
Y eso es apenas la superficie.
Porque al mismo tiempo que se preparan todos los detalles para aparecer de la mejor manera frente a las cámaras internacionales, también se levantaron bardas, se maquillaron calles y se administró la imagen de un país que no termina de reconocerse a sí mismo. Como si el problema fuera en realidad lo que se ve, y no lo que existe, y el por qué es así.
Hay una escena que no he dejado de pensar y que me genera sentimientos encontrados: por un lado estadios llenos, fiesta y algarabía, mientras a pocos kilómetros, colectivos de madres se encontraban buscando restos humanos.
Más de 130 mil personas desaparecidas no caben en ninguna narrativa de fiesta. Y eso lo sabía muy bien Claudia Sheinbaum, lo mejor era que hubiera fiesta, para lograr que la mayoría de las y los mexicanos olvidaran, aunque momentáneamente, esa dolorosa realidad que tenemos como país, y no como un gesto de dejar de lado el dolor, sino como una manera de administrar los costos políticos de la ineptitud.
Ahí justamente es donde el Mundial deja de ser un mero evento deportivo y se convierte en otra cosa: un espejo incómodo. Uno que refleja no solo la desigualdad, sino también la distancia entre quienes gobiernan y la realidad que dicen representar.
Y esto lo nombre de manera clara en mi columna para Disidente.info:
“Ninguna fiesta… alcanza para tapar los socavones éticos de un Estado”
Te invito a leer la columna completa, me encantará leer tus comentarios al respecto. 👉 El Mundial de la Mediocridad y la Ignominia
