Punto Focal #4 | El poder que hace crecer al otro

Una decisión pública se puede examinar por el trato que ofrece, las barreras que reduce y las responsabilidades que conserva.

Llegamos a la última semana de la serie Custodiar lo Humano, y me encanta poder compartir todo esto por acá, porque lo que en su momento inició como una conferencia para abordar la dignidad humana en las discusiones contemporáneas, se ha convertido en la vía para plantear lo que considero mi tesis, y una pedagogía propia sobre lo que para mí representa la acción política desde el humanismo político y el cómo entendemos el poder.

Estas cuatro semanas han sido un recorrido con una pedagogía: Reconocer —> Mirar y vincular —> Discernir —> Custodiar. Un proceso que al final nos permite asumir la afirmación de que “La dignidad humana no es un tema más de la política. Es el criterio desde el cual debería juzgarse y ejercerse toda política”. Así que sin más preámbulo, quisiera que entráramos de lleno a las reflexiones que aterrizan en la última etapa de Custodiar lo Humano, que precisamente corresponder a qué es esto de custodiar.

¡Gracias por leer Punto Focal por Aurora Espina! Esta publicación es gratutita así que siéntete libre de compartirla con alguien más.

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Cinco pruebas para evaluar qué hace posible una decisión púbica

Ahora quisiera que imaginemos una escena. Una persona que se encarga del cuidado de un familiar y que intenta solicitar un servicio. Logra conseguir una cita, pero el horario coincide con el momento en que no tiene quién la releve en el cuidado de su familiar. En este escenario la oficina de la dependencia en la que esta persona hizo la cita podrá mostrar que le ofreció atención, pero el problema está en el hecho de que esta persona aún necesita resolver cómo le hará para poder llegar a esa cita.

Si bien, la escena es hipotética, cumple la función de observar una distancia que conviene especialmente investiar: la que existe entre una actividad, servicio o prestación administrativa, y la posibilidad efectiva de usarla o de acceder a ella. Aquí es en donde surge entonces una pregunta que me parece relevante y fundamental: ¿Qué debe mirar una institución para saber si ha facilitado la vida de alguien?

En política suele hablarse todo el tiempo sobre conquistar, conservar y limitar el poder. Una verdadera democracia necesita de reglas y contrapesos. Esta semana quisiera añadir una pregunta sobre la finalidad del poder: ¿Qué hace posible el poder en la vida de las personas a quienes debe servir?

Con esa pregunta cerramos la serie Custodiar lo Humano. A lo largo de este proceso atravesamos por diferentes etapas, comenzamos por reconocer la dignidad humana como una que no se gana, sino que se reconoce. Después nos centramos en mirar las condiciones que pueden volver invisible a una persona y examinamos cómo discernir los usos de la tecnología y las implicaciones que esta tiene en materia de dignidad y su impacto desde las decisiones públicas.

Ahora lo que corresponde es que todo esto lo convirtamos en una práctica de responsabilidad pública, que en los hechos sea una nueva pedagogía sobre la acción política desde el humanismo político. Porque si no sucede de esta forma, las reflexiones que he ido compartiendo por este medio con ustedes, se quedarían en letra muerta, y la finalidad no era sólo la de ayudar a generar un criterio propio y acompañar en el discernimiento, sino también a que todo esto nos lleve a hacer algo con lo que hemos recibido.

La experiencia detrás del registro

Aquí me gustaría que nos centremos en la cuestión de los cuidados porque esta realidad como estudio de caso puede ayudarnos a aterrizar las implicaciones del problema. En México, la ENASIC 2022 encontró que 75.1% de las personas de 15 años y más que brindaban cuidados eran mujeres (INEGI, 2025). Esta cifra describe una distribución;no está demostrando por sí misma qué política funcionó, ni permite atribuir una causa única a cada dificultad.

Pero sí nos indica, y mucho, en dónde colocar la mirada. Además de que abre una pregunta de diseño: ¿qué ocurre con el tiempo de quienes sostienen esos cuidados cuando una institución fija requisitos, horarios o trayectos? Todo esto también nos exige escuchar a quien recibe atención. Porque sus preferencias y su participación deben de ser parte esencial del análisis, si no, estamos destinados a seguir construyendo “soluciones” desde el escritorio que no le sirven de nada a las personas concretas.

Porque a partir de esto, es que un servicio podría ampliar sus horarios de atención, ofrecer acompañamiento a las personas que desean acceder a alguna prestación o servicio, o simplemente mejorar sus canales de comunicación. Pero para poder valorar la efectividad de esas medidas habría entonces que conocer sus costos y comprobar sus efectos en el beneficiario final.

Considerar cuestiones como le número de citas, las personas que fueron atendidas y la calidad de la experiencia de cada una de ellas, ofrecen información diferente y relevante al mismo tiempo. Por eso es trascendental que cuando busquemos evaluar qué tan efectiva está siendo una política pública,nos centremos en saber qué pregunta está respondiendo cada indicador, antes de que nos pongamos a celebrar un resultado, que simplemente recoge una cifra aislada como x número de citas programadas, sin responder, quiénes las hicieron, cuántas personas acudieron efectivamente, cuál fue su experiencia, cuál fue la calidad de la atención y cuál fue el resultado obtenido por el usuario.

Y es solmente cuando nos damos a la tarea de comprender lo que está detrás de la experiencia de la persona que acude a recibir un apoyo o un servicio, que podemos vislumbrar con mayor claridad la responsabilidad que está en las manos de quienes tienen en sus manos el poder de tomar decisiones públicas.

Una responsabilidad que toma forma

La tradición social cristiana nos ofrece un principio para que pensemos este vínculo entre el ejercicio del poder y la responsabilidad que este conlleva: la caridad política. En Fratelli Tutti esta aparece ligada a instituciones y formas de organización que son capaces de atender las causas del sufrimiento (Francisco, 2020, párrs. 180 y 186). En términos de trabajo público, o de decisiones públicas, esta orientación obliga a tomar en serio el diseño, los recursos y la respuesta que recibe cada persona.

Y es importante quedarnos un poco en esto de la caridad política, porque para hacer lo que hacemos, necesitamos del amor con mayúsculas, que desde el cristianismo conocemos como la virtud de la Caridad, que nos habla de que amar es una decisión diaria que sostiene, por ejemplo, un matrimonio bajo el firme compromiso de decir todos los días me comprometo a tomar la decisión de amarte a ti.

De esta forma podemos afirmar que el amor es una decisión que permite sostener un vínculo. Y para mí esto es fundamental, porque quienes nos dedicamos a la política, sea como represetante popular, funcionario público, asesor, etc., todos sin excepción necesitamos de ese mismo compromiso, de esa decisión diaria que nos permita sostener los dolores, necesidades, desafíos, alegrías, desarrollo y riqueza de nuestras comunidades y de nuestro mundo.

Porque les tengo una noticia, en nuestros hombros está ese peso, y esa responsabilidad, queramos asumirla o no, queramos verla o no. Así que nos toca ser capaces de ver la realidad del mundo y de la época concreta que nos ha tocado vivr, aceptarla y cargar con ella, pero no se trata de cargar con ella como si fuera un lastre, sino como el desafío y la responsabilidad que nos toca como generaciones que ejercen la vocación que constituye el mayor acto de caridad: La Política.

El poder da y sostiene vida

Esta responsabilidad también se asume cuando nos apartamos, como bien señala Fabrice Hadjadj, del entendimiento del poder como dominio, y más bien lo asumimos como fecundidad. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de poder fecundo?, pues no es otra cosa más que el poder que es capaz de sostener al otro, de elevarlo, de dar vida, uno que da posibilidades reales de tener una vida digna.

Pero un poder fecundo no se mide solamente por cuánto controla, sino por cuánto hace posible. Y aquí es donde la lógica de dominación, tradicionalmente asociada al poder, se ve transformada por la lógica de la fecundidad, en una transición en 4 dimensiones:

  • El poder como dominio, controla. Pero el poder como feundidad, hace posible.

  • El poder como dominio, utiliza. Pero el poder como fecundidad, custodia.

  • El poder como dominio, ocupa espacios. Pero el poder como fecundidad, construye procesos.

  • El poder como dominio, necesita seguidores. Pero el poder como fecundidad, forma personas libres.

De este modo, me parece que la respuesta es muy clara. honestamente yo prefiero construir desde el ejercicio del poder que es capaz de hacer posible, de custodiar lo humano y la casa común, de construir procesos y de formar personas libres. Esto es a lo que sí aspiro.

La vida como biografía

En una etapa que acompaña la responsabilidad, y el sostener el vínculo al custodiar lo humano, se pone a prueba nuestra coherencia. Y esto tiene que ver con la defensa de la vida, que me parece un tema en el que tendríamos que profundizar más porque, desgraciadamente hemos construido alrededor de ella una suerte de Torre de Babel en la que pareciera que hay una única escalera para llegar a la cima, y la mayoría de las veces, esa escalera no lleva a un sitio concreto.

Y voy a insitir en que esta es una postura muy personal, pero que estoy convencida de que es la vía. Hoy la mejor manera de honrar la agenda a favor de la vida es haciéndola más coherente, no más pequeña o monotemática.

Porque, está muy bien estar a favor de la vida, es el principio sin el cual es imposible hablar de cualquier otro derecho. Pero si estamos hablando de que nuestra responsabilidad y nuestra labor consiste en custodiar lo humano y nuestra casa común, entonces conviene reenfocar la mirada y los esfuerzos, así como hacer un poco de autocrítica.

No podemos quedarnos estancados únicamente en la custodia, eso sí, muy necesaria, de la vida por nacer, mientras abandonamos descaradamente la custodia de la vida en todas sus etapas, porque simplemente no estamos dispuestos o no somos capaces de garantizar condiciones de vida digna, a los demás que atraviesan por distintos ciclos y etapas de vida. Porque ser pro vida es custodiar toda vida, en todas sus etapas y en todas sus circunstancias. Lo demás se queda en mera propaganda ideológica.

Esto no relativiza la protección de la vida por nacer. Más bien, la hace consecuente con su fundamento. Si decimos que la dignidad no depende de autonomía, de capacidades, de salud, de utilidad o de reconocimiento, esa afirmación vale para la mujer que enfrenta un embarazo en condiciones de enorme vulnerabilidad; vale para el joven reclutado por el crimen organizado; vale para la persona migrante; para quien tiene algún tipo de discapacidad; para la persona en reclusión; para quien padece de una enfermedad incurable; para el adulto mayor solo, etc.

Y aquí la afirmación más clara al respecto, y con la que quiero cerrar esta discusión tan personal, pero me parece tan necesariamente social. La vida no se defiende por episodios. Se custodia como biografía.

Esta afirmación nos pide mirar a la persona completa, con sus decisiones, sus problemas, sus vínculos, y sus dificultades. Pero también nos pide reconocer las obligaciones de las instituciones y del Estado mismo, sin descargar en las familias toda la responsabilidad.

Cinco pruebas para una decisión

Para poder dar anclaje a la realidad de todo lo hasta quí discutido, y para evaluar entonces la efectividad de aquello que estemos planteando, sea a nivel de una decisión pública o sobre decisiones personales de la vida cotidiana propongo cinco preguntas que nos darán criterio de acción:

La primera pregunta, ¿Reconoce a cada persona como fin y nunca solamente como medio?, examina si cada persona es reconocida como fin. En el servicio que utilizábamos como ejemplo, esto obliga a conocer cómo se escuchan o recogen sus preferencias y cómo se protege su privacidad.

La segunda, ¿Qué ocurre con quien tiene menos poder, menos autonomía, menos recursos económicos o menos capacidad de hacerse escuchar?, mira a quien tiene menos poder, recursos o posibilidad de hacerse escuchar. ¿Quién encuentra una barrera que le promedio de atención no muestra?

La tercera pregunta, ¿Fortalece vínculos, familias, comunidades y capacidades, o genera aislamiento y dependencia innecesaria?, pregunta por los vínculos y las capacidades. ¿Qué apoyos haen posible decidir y sostener el cuidado? La respuesta incluye a quien necesita de atención y a quien la proporciona.

La cuarta, ¿Usa la tecnología como herramienta bajo responsabilidad humana o la convierte en criterio final?, mantiene la responsabilidad humana cuando interviene una tecnología. ¿Quién explica una decisión de la plataforma, quién puede revisarla y quién corrige un error?

La quinta, ¿Puede explicar su costo y su beneficio en términos de bien común, no sólo de rentabilidad política inmediata?, pide justificar costos y beneficios desde el bien común. ¿Quién recibe las ventajas, quién carga con los costos y qué continuidad puede esperarse? El anuncio de una medida abre una responsabilidad de seguimiento.

Estas pruebas orientan el juicio. Su valor está en las preguntas que permiten investigar, no en produir una puntuación o una valoración automáticas. Una evaluación técnica, financiera o jurídica requiere sus propios métodos, pero aquí la insistencia está en enfocar la mirada en lo que se considera como relevante, pero normalmente suele quedar fuera de foco.

El tiempo de una buena decisión

Hay decisiones cuyos resultados maduran después de un periodo de gobierno, y aquí Evangelii Gaudium nos propone darle prioridad a los procesos y ver más allá de la ocupación inmediata de espacios de poder (Francisco, 2013, párr. 223). Y aquí, no quiere decir que no se participe o que no se tengan aspiraciones legítimas, sino más bien, es un llamado a dejar de buena vez el cortoplacismo que no puede sostener nada, ni posibilitar nada, ni dar vida.

Así que, en esta lógica de pensar o repensar las decisiones públicas, los procesos se vuelven algo relevante, porque lo que estas decisiones sostienen son personas concretas ante las que se debe responder. Porque las personas somos má que las categorías con las que una institución organiza su trabajo, regreso aquí a la afirmación de que la vida se custodia como biografía.

De este modo, nuestra tarea consistirá entonces en que:

Ante la cultura del descarate: reconozcamos al otro.

Ante la violencia y la fragmentación: construyamos vínculos.

Ante la pobreza: incluyamos a las personas y generemos capacidades.

Ante la tecnología: hagamos discernimiento y gobernemos desde la responsabilidad.

Ante la vulnerabilidad: cuidemos.

Ante el poder: custodiemos lo humano.

Quizás el verdadero desafío de nuestro tiempo no sea decidir cuánto podemos transformar al ser humano, sino recordar por qué merece ser protegido, incluso cuando no puede hacer nada por nosotros.

La dignidad humana no es un tema más de la política. Es el criterio desde el cual debería juzgarse y ejercerse toda política.

Y tal vez esa sea hoy una de las tareas más propias del humanismo político: devolverle al poder la memoria de aquello que está llamado a custodiar.

En esta serie he querido ofrecer una manera de mirar, para regresarle a la política y al ejercicio del poder su razón de ser, y para que más allá de comprender eso, lo pongamos en acción y empecemos a desarrollar procesos, aunque no nos toque ver los frutos.

Para llevar

Así que propongo que elijas una decisión pública, un programa social o una política pública y apliques una de las cinco pruebas, o las cinco completas. Basta con que anotes la decisión, una evidencia disponible y las preguntas que queden pendientes. Ese pequeño registro puede servir para una conversación, una reunión de trabajo o una solicitud de información.

Pero sobre todo, te servirá para saber si esas decisiones públicas, programas, políticas públicas o prestaciones verdaderamente están custodiando lo humano y están siendo fecundas. Me encantará leer las conclusiones que esta serie de ideas hayan permitido y las actividades que hayan provocado.

Quiero cerrar con esta pregunta: ¿Qué decisión pública, programa o política pública elegirías y qué necesitarías saber para juzgarla con mayor precisión?

Fuentes para enlazar

Aquí comparto una serie de recursos adicionales para enlazar o conectar con todo lo que hemos discutido en esta edición de Punto Focal y que espero que sean de utilidad:

  • La serie completa de Custodiar lo Humano viene de mi conferencia “La dignidad de la vida humana en las nuevas discusiones públicas” que comparto aquí:

¡Gracias por seguir aquí! Me encantará leerte en los comentarios.

Aurora Espina

No es sobre las ideas. Es sobre cómo hacer que las ideas transformen el mundo.

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